Resumen
Para comprender la historia y la evolución de las comunidades agrícolas neolíticas de Europa occidental, el estudioso de la prehistoria dispone de materiales muy bien conservados en las orillas de los lagos, las turberas y las depresiones pantanosas, en particular en la zona de mayor extensión de los glaciares alrededor del macizo alpino. En ese medio ambiente húmedo, prácticamente anfibio, algunos labradores instalaron sus aldeas permanentes, sobre todo durante el periodo que va de 4500 a 2400 a.C. (la cronología se expresa en años solares). Los materiales arqueológicos se encuentran mejor conservados en esos lugares que en los sitios contemporáneos de tierra firme, debido a que la estabilidad del medio favoreció una prolongada preservación de los elementos arquitectónicos, de los restos vegetales, de los desechos de la vida cotidiana o de las herramientas, para sólo mencionar algunos ejemplos (Fig. 1). Los primeros hábitats litorales fueron identificados ya en 1854, por lo que ahora, después de más de un siglo de investigaciones, nos encontramos en posición de hacer un balance, sobre todo para mostrar cómo las ciencias naturales se han adentrado poco a poco en problemáticas que primero fueron estrictamente arqueológicas, y además estuvieron basadas en el estudio de las decenas de miles de artefactos extraídos.
Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0.
Derechos de autor 1989 Revista Trace